miércoles, 28 de enero de 2015

DOS POEMAS DE MANUEL LACARTA




 XX

Hay un gato muerto en el bordillo
junto a la acera ha sido atropellado
por un coche a primera hora de la tarde
el conductor no supo del suceso
no se percató del incidente
ésta es una calle sin semáforos
señales de stop pasos de cebra
no se piensa que los animales
vayan a cruzar por medio vayan
a enredar sus patas en el salpicadero
de un turismo aparcando en línea
con los otros coches hay un gato
muerto junto a la acera y el escobón
de un empleado de la limpieza
lo mueve de sitio lo empuja
hasta el recogedor de la basura
y lo deposita ahora en el saco
del carro con un montón de hojas
secas tetrabricks de cartón vacíos
mondas de patata cáscaras de pipas
el palito de un chupachús de naranja
que chupeteaba una niña de colegio

Fue en el cruce entre dos calles ahí
donde suelen sentarse las parejas
en un banco que da la espalda a esa
tienda de juguetes ahí frente al kiosco
de periódicos y revistas a dos metros
escasos de las escaleras que bajan
a la estación de Metro y nadie hizo nada
al ver un gato muerto en el bordillo
de la calzada cada cual siguió a lo suyo
solamente un niño pequeño con su madre
de la mano volvió un instante la cabeza
se quedó mirando el bulto de un animal
sucio de sangre que le mira inmóvil

¿Será la muerte Bambi como la muerte
de ese gato los ojos fríos de ese gato
dejarse ir perezosamente no hacer nada
luego de cruzar sin ver la calle notar
algo golpeándonos un dolor inmenso
que poco a poco desaparece ya no duele?

¿Será la muerte Bambi ver con la mirada
de ese gato muerto ver la vida tan de lejos
que resulte extraña mirar cómo caminan
otros pasan cerca y nos rozan los rozamos?

de 34 posiciones para amar a Bambi, 1988


XXXIV

El tipo del espejo te mira a la cara
sorprendido de verse en un espejo;
con temor pasa la mano suavemente
por el cristal que le refleja, parece
darle un rostro al que poder arañar
con la uña de un dedo. Un poco
pálido a esta hora de la mañana
en que aún no ha tomado el café
de la mañana, el tipo del espejo
te descubre en el cristal sucio
del espejo: quieto, pensativo,
y busca en vano cerrar los ojos,
mirar hacia otra parte, y no verte.
Le gustaría arrinconarte en algún
lugar oscuro de la memoria;
su mirada te mataría de poder
con un solo golpe de vista
matar a alguien una mirada.
El tipo del espejo observa la hora
en el reloj de tu muñeca, los minutos
que transcurren codiciosos
de no dejar atrás ningún segundo,
y siente el deseo de quedarse
inmóvil en el sillón de orejas
frente al mar azul de la ventana.

de El tipo del espejo, 2010

MANUEL LACARTA

es un escritor español nacido en Madrid. Licenciado en Filosofía y Letras, cursó también estudios de música en el Conservatorio de su ciudad natal. 



Ha publicado los siguientes libros:

Poesía

Reducto (1977), Encarcelado en el silencio (1978), Al sur del norte (1982), Estar sin estancia (1983), 34 posiciones para amar a Bambi (1988), con el que obtuvo el premio Ámbito Literario de poesía, El tipo del espejo (2010), Otoño en el jardín de Pancho Villa (2011), que reúne su poesía completa entre 1977 y 2010 y ha sido Premio de la Crítica de Madrid 2011 y Libro recomendado por la Asociación de Editores de Poesía, Así es la vida (2012), publicado en formato ebook. Así es la vida , El rojo de sus labios (2013), Margot en la Plaza de Castilla (2013).

Narrativa

Cuentos de media página (1983), Cuentos de Madrid (2008), Dame tus manos (2010), Yo, Lope de Aguirre, rebelde hasta la muerte (2014).


Ensayo

Madrid y sus literaturas. De la generación del 98 a la posguerra (1986), Felipe II. La idea de Europa (1986), Cervantes. Simbología de lo universal (1988), Diccionario del Quijote (1994), Diccionario del Siglo de Oro (1996), Felipe II. La intimidad del Rey Prudente (1997), Lope de Aguirre. El loco del Amazonas(1998), Carlos V (1998), Madrid y sus literaturas. Del modernismo y la generación del 98 a nuestros días (2002), Madrid (2003), Felipe III (2003), Cervantes. Biografía razonada (2005), La Casa de Austria y la monarquía de Madrid (2006), Diccionario del Renacimiento (2006).
Suyas son además ediciones de la poesía del Siglo de Oro, Quevedo y León Felipe, una edición del libro Madrid, de Azorín, y varias monografías de pintores contemporáneos.

En 1979, colaboró con los poemas de Presencia del toro con el pintor Juan Montesinos, y, en 1994, con los de Obra de Dos con el pintor José María Iglesias.

jueves, 8 de enero de 2015

PIDO SILENCIO, de Pablo Neruda





PIDO SILENCIO

Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.

Yo voy a cerrar los ojos
 

y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.

Una es el amor sin fin.

Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.

Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.

En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.

La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bien amada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.

Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.

Ahora si quieren se vayan.

He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.

Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.

Sucede que soy y que sigo.

No será, pues, sino que adentro
de mí crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.

Se trata de que tanto he vivido
que quiero vivir otro tanto.

Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.

Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.

Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.

PABLO NERUDA


jueves, 11 de diciembre de 2014

REFLEXIÓN PRIMERA, de Ángel González



 ilustración de Javier Charro

REFLEXIÓN PRIMERA

Despertar para encontrarme
esto:
la vida así dispuesta,
el cielo
turbio, la lluvia
que lame los cristales.

Abrir los ojos para ver
lo mismo,
poner el cuerpo en marcha para andar
lo mismo,
comenzar a vivir, pero sabiendo
el fracaso final de la hora última.

Si esto es la vida, Dios,
si este es tu obsequio,
te doy las gracias –gracias— y te digo:
Guárdalo para ti y para tus ángeles.

Me hace daño la luz con que me alumbras,
me enloquece tu música
de pájaros,
pesa tu cielo demasiado,
oprime,
aplasta, bajo y gris, como una losa.

Todo está bien, lo sé.
Tu orden
se cumple.
                 Pero alguien
envenenó las fuentes
de mi vida, y mi corazón es
pasión inútil, odio
ciego, amor desorbitado,
crisol donde se funden
contrariedades con contradicciones.

Y mi voluntad sigue,
inútilmente,
empeñada en la lucha más terrible:
vivir lo mismo que si tú existieras.

ÁNGEL GONZÁLEZ 


sábado, 6 de diciembre de 2014

DOS POEMAS DE KARIM CHERGUI



 ilustración de Yacek Yerka

LA INASIBILIDAD DEL MAR

No puedes parpadeando reciclar el viento,
comprende que es inútil el esfuerzo,
como lo hace el pájaro atrapado en un respiradero
que deja de agitar sus alas y empieza  a entender
que nunca debió meterse ahí.

Puedes celebrar la piedad del pie descalzo
que justo se ahueca antes del talón
para permitir vivir a las hormigas,
y ése será tu único éxito:
la sensación de no haber matado a nadie,
de ser inocente en el juicio a los ojos callados,
reivindicar que hiciste lo que pudiste,
repetirlo insistente como el goteo del riego por goteo:
hice
loque
pude.

E incluso puedes jactarte de conocer el saber de los esquimales
y sus cien maneras de distinguir el blanco.

Todo será inútil,
ya que nunca quisiste entender
la nostalgia de iceberg del cascote desprendido.
Porque no entiendes nada
si al ver llover por la ventana
te fijas en el horizonte
y no en el camino sobre el cristal
de la gota llovida.

No entiendes nada
si defines bonsái como árbol enano;
no entiendes nada,
y da igual el tiempo que decidas esperar,
da igual tu estudio cuidadoso sobre el calendario de los cometas,
da
igual,
eres un murciélago sordo
que lanza un grito hacia la pared
y todavía espera, absurdo, un eco para orientarse.

Entérate ya:
puedes coger agua con las manos, pero no el mar.


LA SUICIDA DE NADIE

“Llegar a la estación y verte saltar desde el mismo andén.”
NACHO VEGAS

Ella baila sobre los bordes del andén
El lago de los cisnes negros
en una coreografía que yo sé
que termina con un salto a la vía,
porque ella me explicó un martes
que una caracola siempre te miente al oído acerca del mar:
“una caracola no te hablará del grito de los ahogados,
ni te dirá que el mar es un desierto
que, como yo, ha llorado hasta llenarse.”
Y porque ella no es caracola que calla naufragios
sino mar honesto que duele
sé, al verla bailar ahora sobre el andén,
que antes de su último salto me mirará breve
y me dirá con los ojos “vete,
no quiero ser
la suicida de nadie.”

KARIM CHERGUI , 


 ambos poemas están incluidos en su libro JACQUES Y EL MAR.